
Nada recuerdo con más agrado de mi niñez que los sueños y las fantasías.
Esa inmensa capacidad de los niños de suspirar, de abrir los ojos y mirar con lo más profundo de su mente y su corazón al mundo de la ilusión.
Esa capacidad de imaginar...
Lo increíble es que el niño no solo lo ve y lo siente como si fuera realidad, sino que tiene la capacidad de vivirlo sin reservas más allá de cualquier frontera.
Mi infancia... Jooooo... Soy la primogénita de cinco hijos. Mi madre me tuvo cuando aún no habia cumplido los 17 años y a mi padre le faltaban 4 meses para los 25. En aquel entonces se decía eso de: "se casaron de penalti", cuando una pareja contraía matrimonio porque ella estaba embarazada.
En el colegio, cuando se lo conté a mi mejor amiga ésta me dijo: "que pena, no?". Tuve que mirarla inquisitivamente porque prosiguió con un: "lo digo porque si se casaron por obligación a lo mejor no estaban lo suficientemente enamorados"...
Yo en cambio siempre pensé que era afortunada. Imagino a esa pareja de novios, comiéndose a bechitos... regalándose caricias por doquier... AMÁNDOSE y todo ello a escondidas, uhmmmm... qué rico!. ¡¡SOY FRUTO DE LA PASIÓOON...!!, toda FUEGOOOO, uhmmm... Así salí... con las hormonas disparás, jajaja....
Uy, creo me estoy saliendo del tema jijiji.... Recapitulemos. Ejem...
Mi infancia... (suspirito) El eco de su presencia siembra primavera en mis inviernos, y el recuerdo de sus caricias reverdece el jardín de mis otoños.... Siempre he afirmado ha sido la época de mi vida que recuerdo con más nostalgia, quizás porque los niños son sinceros pero sin maldad e inocentes por naturaleza y por ello inmunes a la sociedad...
Fuí una niña feliz. No recuerdo verme diferente a mis hermanos o amigos; siempre era una más porque, pese a que dí mis primeros pasos cuando otros a mi edad brincaban y comencé hablar cuando los demás eran ya "cotorras", yo me hacía entender con gestos y llegaba a cualquier sitio arrastrándome por el suelo (nadie me ganaba imitando a las serpientes, jijiji...)
Me gustaba mucho que me leyeran antes de dormir... Mi madre tenía una colección de mini-cuentos, medían quizás el doble de una caja de fósforos, la letra era minúscula y estaban llenos de imágenes; "Blanca Nieves"... "El patito feo"... "Pulgarcito"... Ella se sentaba en mi camita y yo la escuchaba embobá recostada en sus muslos para poder ver los dibujos del mini-cuento. Me encantaba pintar también. Todos me compraban blocks de aquellos para colorear... Recuerdo que en una hoja venía el dibujo ya pintado y en la siguiente sin colorear para que tú lo hicieras igual, pero yo habitualmente me iba a las páginas centrales jeje... eran donde no habían moldes para fijarse y daban rienda suelta a la imaginación. Nunca he sido muy devota de lo impuesto y como siempre me ha gustado curiosear, supongo aquello era lo más parecido a sentirme yo misma.
Recuerdo mi primera llantina... No entendía por qué mi hermano, que era dos años más pequeño, podía ir a la guardería del barrio y yo no . No sé que mentira piadosa me diría mi madre en aquel momento, pero el único impedimento que me negaba el acceso aquel jardín de infancia era mi discapacidad, simplemente me veían distinta y no querían problemas. Aun así mi madre logró la "gran obra de caridad", y los días en que a ella no le quedaba más remedio porque debía hacer gestiones en la calle y no tenía con quien dejarme, sólo esos días, yo podía disfrutar de una jornada de guardería como cualquier hija de vecina .
Muchas veces, cuando mi hijo hace de las suyas, le digo a mi pareja que dentro de unos años nos reiremos de ello...
Mi madre hoy se ríe al recordar el juego de sábanas que tiró cuando vio escritas en ellas, ¡y con bolígrafo!, las vocales, jajaja.... Creía había sido cosa de la hija de la vecina porque mi hermano tenía apena dos añitos y yo... bueno que yo pudiera hacerlo, eso era impensable; entre otras cosas porque los días de guarderías no habrían dado tiempo a que las aprendiera. El caso es que al parecer la vecina, íntima amiga de mi madre, apostaba el cuello que había sido yo alegando que su hija no sabía hacer ni la "O" con un canuto, jajaja.... así que no quedó otra que comprobarlo. Menos mal que lo de jugarse el cuello era en sentido figurativo... jajaja....
Mi infancia... (suspirito). Podría estar evocando recuerdos de ella que no me cansaría... Fui una niña feliz y supongo que por ello, ahora me siento tan bien por dentro y se nota por fuera...
El niño es como un barro suave donde puedes grabar lo que quieras... pero esas marcas se quedan en la piel... Esas cicatrices se marcan en el corazón... Y no se borran nunca....
Esto bien podría ser un homenaje a mis padres por lo magnífico que lo hicieron. Ahora que soy madre, sé lo difícil que resulta a pesar de que se pone todo el empeño del mundo y más....
Esa inmensa capacidad de los niños de suspirar, de abrir los ojos y mirar con lo más profundo de su mente y su corazón al mundo de la ilusión.
Esa capacidad de imaginar...
Lo increíble es que el niño no solo lo ve y lo siente como si fuera realidad, sino que tiene la capacidad de vivirlo sin reservas más allá de cualquier frontera.
Mi infancia... Jooooo... Soy la primogénita de cinco hijos. Mi madre me tuvo cuando aún no habia cumplido los 17 años y a mi padre le faltaban 4 meses para los 25. En aquel entonces se decía eso de: "se casaron de penalti", cuando una pareja contraía matrimonio porque ella estaba embarazada.
En el colegio, cuando se lo conté a mi mejor amiga ésta me dijo: "que pena, no?". Tuve que mirarla inquisitivamente porque prosiguió con un: "lo digo porque si se casaron por obligación a lo mejor no estaban lo suficientemente enamorados"...
Yo en cambio siempre pensé que era afortunada. Imagino a esa pareja de novios, comiéndose a bechitos... regalándose caricias por doquier... AMÁNDOSE y todo ello a escondidas, uhmmmm... qué rico!. ¡¡SOY FRUTO DE LA PASIÓOON...!!, toda FUEGOOOO, uhmmm... Así salí... con las hormonas disparás, jajaja....
Uy, creo me estoy saliendo del tema jijiji.... Recapitulemos. Ejem...
Mi infancia... (suspirito) El eco de su presencia siembra primavera en mis inviernos, y el recuerdo de sus caricias reverdece el jardín de mis otoños.... Siempre he afirmado ha sido la época de mi vida que recuerdo con más nostalgia, quizás porque los niños son sinceros pero sin maldad e inocentes por naturaleza y por ello inmunes a la sociedad...
Fuí una niña feliz. No recuerdo verme diferente a mis hermanos o amigos; siempre era una más porque, pese a que dí mis primeros pasos cuando otros a mi edad brincaban y comencé hablar cuando los demás eran ya "cotorras", yo me hacía entender con gestos y llegaba a cualquier sitio arrastrándome por el suelo (nadie me ganaba imitando a las serpientes, jijiji...)
Me gustaba mucho que me leyeran antes de dormir... Mi madre tenía una colección de mini-cuentos, medían quizás el doble de una caja de fósforos, la letra era minúscula y estaban llenos de imágenes; "Blanca Nieves"... "El patito feo"... "Pulgarcito"... Ella se sentaba en mi camita y yo la escuchaba embobá recostada en sus muslos para poder ver los dibujos del mini-cuento. Me encantaba pintar también. Todos me compraban blocks de aquellos para colorear... Recuerdo que en una hoja venía el dibujo ya pintado y en la siguiente sin colorear para que tú lo hicieras igual, pero yo habitualmente me iba a las páginas centrales jeje... eran donde no habían moldes para fijarse y daban rienda suelta a la imaginación. Nunca he sido muy devota de lo impuesto y como siempre me ha gustado curiosear, supongo aquello era lo más parecido a sentirme yo misma.
Recuerdo mi primera llantina... No entendía por qué mi hermano, que era dos años más pequeño, podía ir a la guardería del barrio y yo no . No sé que mentira piadosa me diría mi madre en aquel momento, pero el único impedimento que me negaba el acceso aquel jardín de infancia era mi discapacidad, simplemente me veían distinta y no querían problemas. Aun así mi madre logró la "gran obra de caridad", y los días en que a ella no le quedaba más remedio porque debía hacer gestiones en la calle y no tenía con quien dejarme, sólo esos días, yo podía disfrutar de una jornada de guardería como cualquier hija de vecina .
Muchas veces, cuando mi hijo hace de las suyas, le digo a mi pareja que dentro de unos años nos reiremos de ello...
Mi madre hoy se ríe al recordar el juego de sábanas que tiró cuando vio escritas en ellas, ¡y con bolígrafo!, las vocales, jajaja.... Creía había sido cosa de la hija de la vecina porque mi hermano tenía apena dos añitos y yo... bueno que yo pudiera hacerlo, eso era impensable; entre otras cosas porque los días de guarderías no habrían dado tiempo a que las aprendiera. El caso es que al parecer la vecina, íntima amiga de mi madre, apostaba el cuello que había sido yo alegando que su hija no sabía hacer ni la "O" con un canuto, jajaja.... así que no quedó otra que comprobarlo. Menos mal que lo de jugarse el cuello era en sentido figurativo... jajaja....
Mi infancia... (suspirito). Podría estar evocando recuerdos de ella que no me cansaría... Fui una niña feliz y supongo que por ello, ahora me siento tan bien por dentro y se nota por fuera...
El niño es como un barro suave donde puedes grabar lo que quieras... pero esas marcas se quedan en la piel... Esas cicatrices se marcan en el corazón... Y no se borran nunca....
Esto bien podría ser un homenaje a mis padres por lo magnífico que lo hicieron. Ahora que soy madre, sé lo difícil que resulta a pesar de que se pone todo el empeño del mundo y más....